29 de septiembre de 2025

Donde viven los muertos

 


Mientras nos condolemos y ponemos en Facebook banderitas del país de turno castigado por el terrorismo, y anunciamos el repudio por cualquier tipo de ataque que involucre una considerable cantidad de muertos, e insistimos en los treinta mil desaparecidos que dejó nuestra última dictadura militar; México sigue batiendo todos los récords de cadáveres y desapariciones absurdas sin que la prensa parezca notarlo. En la última década se registraron en el país azteca 155.000 asesinatos y 27.000 desaparecidos solamente relacionados con el narcotráfico. Los femicidios cuentan de a 2.500 muertes por año, siete por día solo en el D.F. A esto hay que sumarle cientos de miles de víctimas del tráfico de personas. La mayoría intentan llegar desde centroamérica a USA y si tienen suerte de no ser asesinados antes de llegar, serán tomados como esclavos en el campo laboral o sexual. Casi no hay un sólo caso que no esté relacionado con oficinas estatales, es por eso que muchos no titubean en describir a México como un narcoestado.

La literatura de ficción que aborda estos temas abunda, es que prácticamente no se puede escribir sobre otra cosa en México. La fila india, de Antonio Ortuño (1976), podría catalogarse como una más de estas novelas, pero no es así. Concentrado en el tráfico de centroamericanos y las oficinas teóricamente destinadas a protegerlos, el autor nos involucra en el día a día de quienes participan en atroces y episodios martirizantes con una prosa de múltiples voces que fotografían una sociedad que encarna, además y como si fuera poco, muchas otras formas aparentemente incontrolables de violencia y corrupción.

Antonio Ortuño fue finalista del Premio Herralde, traducido a diez idiomas y fue seleccionado por la Granta como uno de los mejores narradores jóvenes en español. En esta novela registra cómo se descompone una persona según el lugar en el que le toca o elige vivir.

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