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28 de abril de 2026

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mi compañera duerme de día, 

llora de noche. 


del alce pardo orinandose, sus ojos lejanos: 

gotas de sangre en la nieve, las pupilas. 

llagas mal curadas, gemelos locos, 

náufragos en canoas celestes, 

zombies absortos recién extraídos, 

mansas bestias 

que regresan cansinas al corral 

al caer la tarde.


algo hermoso y trágico como una rosa pisoteada.


de sus lágrimas la quietud del juicio

como ver llover por la ventana.


3 de febrero de 2026

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no como a los poetas = albatros, 

las alas, 

otras cosas pesan;

hace décadas me pujo

solo

en tristes cuadernos.


estoy harto de amar, 

pero no se me ocurre otra cosa.


24 de diciembre de 2025

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en Francia vieron al lobo gris

considerado extinto

un siglo atrás.


Ana Valle 

de ciento siete años,

sanó después de ver morir 

a ocho de los compañeros de asilo;

y de sobrevivir 

a la gripe española 

a los cinco.


3 de diciembre de 2025

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falta un abrazo que dé la razón, 

no lo harán las evidencias. 

descubro algo no falsable, 

esa entelequia inflamada: 

nosotros. 


nuestro amor, y cualquiera, 

no difiere del efecto de la luz sobre la materia. 


quiero despertar y no preguntarme 

por qué estoy tan horriblemente sobrio 

cada día de los cuarenta años.


29 de noviembre de 2025

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son cañas deshilachadas por cuervos, 

sus trenzas: 

perezosos salvados del fuego, 

extrañas escoliosis; 


las sábanas revueltas:

el mar donde suspiró la muerte. 


un trapezoide de luz matutina 

recorta al bicho binario desnudo, 

dora al efecto coriolis de las nalgas.


/

 


aguas cristalinas en los canales venecianos, 

rebalsan de peces.

delfines en puertos de Cagliari,

jabalíes cruzan las calles de Barcelona; 


sale un canto extraño 

de los pájaros. 

algunos han vuelto luego de centenios

y los hombres a oírlos 

en los jardines 

ahora prohibidos.


/

 

muerdo al besar:

hay muchas formas de arrojar 

una tesis al mundo


esta noche

soy su barrio desierto,

no respeta señales ni luces,

avanza por mis calles con un hielo en la boca

deja el rastro en el asfalto caliente

sobre la cama.


nos amamos, 

la luna muestra colmillos de fiebre, 

nos trajo, nos llevará de regreso, 

la luna, 

esa puta de ingles percudidas.


28 de noviembre de 2025

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bellas orquídeas crecen entre grietas. 


en Oakland, pavos salvajes abren 

las colas a los automovilistas, 

los madrileños le copian el juego.


bajó veinticinco por ciento 

el dióxido de carbono 

en muchas ciudades chinas, el cielo 

se ve como extraterrestre.


osos lavadores pescan y nadan  en Panamá;


la revuelta de monos hambrientos, 

desesperados por falta de comida, 

es decir, de turistas, 

arrecia Tailandia, 

amenaza tomar

el paralizado Parlamento.


27 de noviembre de 2025

Cierre de Mueca de provincia

 

El tiempo no nos enseña. Tampoco 

descompone cuerpos, ni sana heridas, 

ni vuelve. Una canción, ni libro alguno  

salvan; ni las personas, ni un buen viaje,

ni, como dicen, se salva uno mismo.


No escribe la pulsión por el tipeo,  

los versos; ni cadencias, ni los cantos, 

ni al leer, esa agitación turbada, 

ni la belleza, ni la dulce angustia 

de domingo a la tarde, es poesía.


26 de noviembre de 2025

Domesticación

 

Como un anciano refunfuño porque 

soy un niño. Necesito aprender algo. 

Como los lobos, devenir en perro, 

olisquear, por ejemplo, esas manos 

de cazador, alzar a él la mirada, 

agradecer, comer de lo sobrante.

25 de noviembre de 2025

Aneurismas andantes

 

Varias enredaderas retroceden, 

en estas fotos. Son otros los rostros,

las poses se perdieron, son ahora 

sátiras que mediante aquellos velos, 

al injusto presente, lo someten.

 

Se las paso a mi nueva compañera, 

catorce años menor. Veo en las suyas 

mi pasado. Ella ve en todas las mías,

de una retrospectiva, la pobreza.


A los veinte, a la tumba nos acercan,

de estos domingos, dos mil ochocientos. 

Tres por ciento de todas las personas

que veas, lleva un aneurisma quieto,

un grano de maíz, en la olla al fuego.


Lanzas diagonales

 


Sostenemos, es cierto, hiperkinesia 

de coleópteros y somos presos 

de tercos legislados tanatorios;

acá no hay sino frías, anchas calles, 

perros oligofrénicos al cruce

cual mortíferas lanzas diagonales.


Escribo y reescribo el mismo libro.

Son hornos humeantes los poemas, 

con hierro sentencioso en cada verso.


Aquí el niño mandado a jugar solo 

a la plaza de enfrente para siempre; 

y ser preciso al escribir, si puede:

su estertórea agonía paquiderma.


Condenado a escritura con remate,

fumo desnudo, enhiesto y salpicado.


24 de noviembre de 2025

Chesterfield

 

Se desvirga la boca acá en el techo 

al darle fuego al Chesterfield robado 

al viejo. Acné facial al horizonte,

marea y quema la segunda seca.

Lejos los camioncitos por la ruta, 

vuelvo a pitar sin convicción, suelto humo.


El poeta peor es el que quiere

serlo. Disuelto en ciegos, en perdidos 

cielos surcados por las ves de patos, 

el fuego, las antenas de esas casas 

iguales. Los veloces nubarrones: 

ropa estrujada en brazos de los vientos.

Hombres sobre colmenas encorvados, 

armas de humo; la pieza de nona Alda: 

panteón donde plácidos fantasmas

acariciaban al dormir la siesta.


La oscuridad aún en el día, honda 

desde la puerta al fondo de mi patio.

Agazapado ahí habitaba un monstruo 

silente como el vuelo de los búhos,

aunque ninguno lo tomara en serio.


Un atardecer lo hice, crucé el patio,

vi unas chapas, la pila de ladrillos. 

Lo obscuro no soltó a su vil criatura,

me acongojó. Lo sé, picotea en tierras

aradas, luego de cumplir seis años:

radiantes crisantemos de mi madre,

la marrón renoleta de mi padre,

sus jeans para los domingos, oxford; 

las perforadas láminas sobrantes 

que de la fábrica traía en rollos, 

con las que fabricaba revisteros.

El filoso ornamento navideño

que, empuñado, soñé contra mi hermana.


Tras la ventana los colores muelen

los pensamientos de mi madre absorta 

en los ya florecidos Pensamientos,

la pala de papá en el suelo, el hacha, 

sus bermudas de patio, de pileta,

limpiar, salir; sus dedos del pie, largos, 

fuera del cuero de unas franciscanas.


De los diminutivos, el abuso.


En las paredes, armas de vikingos, 

los adornos comprados a viajantes.

Los vestidos de lana de mi madre 

con agobio en veranos impiadosos, 

la tía idéntica a Florinda Mesa, 

el mural con poema de Neruda.


El triciclo de Mali quien, treinta años

después, lo ve en la foto al desvestirse

en la cama de tiempo y reencuentro.


23 de noviembre de 2025

Pingüinos fluidos

 

Ronronea la noche femenina. 

Levita lejos el doppler, no duermo. 

Extraños movimientos de vecinos, 

algún chasquido en el living oscuro.

Las maravillas habrán muerto, pero 

aún queda en la TV, de madrugada,

papel para pensar comparaciones:


una colonia grande de pingüinos 

Rey, se comporta igual que ciertos fluidos, 

llamados potencial de Lennard Jones:

interacciones de átomos adentro 

de, normalmente, fluido repulsivo

en muy cortas distancias, y a mayores

distancias, de atracción más poderosa.

La fuerza repulsiva: la defensa 

del huevo; la atractiva: repelente

de los ataques. Entran, cuando incuban,

en transición de vidrio, fluido apenas 

oscilante, fenómeno similar 

a los cristales en los viejos templos.


Diferente se ordenan en la masa

los Penacho Amarillo. Se comportan 

con menor densidad, es decir, como

simple gas patagónico que chilla.


Caballos

 


Me daba miedo detonar cebitas,

pero las víboras no, ni lagartos.

Inquietaba lo oscuro, o quedar solo,

no la brisa mortuoria en los potreros

en primavera. Me espantó un insecto

que entró en la oreja, pero no ese día

en que con el tirón saqué el anzuelo

del pulgar. Pero sí me hacía a un lado

cuando un grandote pateaba el fulbo 

de cerca. No temimos ni un cachito

al rumor tembloroso de las calles 

marcando ya las dos de la mañana,

o si me despertaban las arañas 

al cruzar cautelosas las cobijas,

pero si a los caballos silenciosos 

que en una misma fecha de cada año, 

trotaban horas rodeando el barrio.

22 de noviembre de 2025

La gesta del plomo

 

Las manos hacia el fogón. Algo traman 

los tres vecinos cinco años más grandes

que yo. Algo peligroso. Las aristas

de la noche: solapas del baldío.


Suena honda la palabra policía  

en boca de ellos. Y mis ojos mudos, 

los dos indignos grandes redondeles, 

ante rudos muchachos con jeans.


Hay que planificar, variar ataques.

Es un raquítico animal el frío

que para oír mejor, se nos arrima.

Recorren lento el aire, algunos verbos

nunca oídos. Tuvieron, estas noches,

días frágiles, muy cortos. Los ojos,

absortos ante el mal, aquellos robos

de plomo en llantas de autos, atacados

una hora luego de mear el fuego.