La lucidez mutó en jaula,
escaparon los pájaros,
el vacío de la jaula atormenta,
la corriente de aire
es un aliento desquiciado.
Llamo a los pájaros sin voz,
escribo,
los pájaros miran,
pero ven la jaula.
El tiempo da la mano aunque sigue de viaje,
es un dios subvalorado,
cumple los mandatos del álgebra,
disfruta del roce de algún lenguaje imposible,
un cadáver estirado en la calle desierta,
estático alacrán
que simula estar seco.
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