Alguien comentó lo triste o alegre
en la vida de Mellow,
pero no recordamos
si la vida de Mellow fue triste o alegre, o igual
de absurda que la de cualquiera de nosotros.
Murió una mañana tranquila.
Ninguno la lloró demasiado,
nunca.
Sí un llanto tácito:
la fatídica frase del cuervo,
horada
el hueco lleno de gusanos.
Por la ventana
pasan nuevos desconocidos,
las puertas del vecindario se estremecen.
En el matutino de hoy
una poesía homenajeó a Mellow,
sus piernas volvieron a trepar
los pilares del Vina Vieja,
sus brazos,
abiertos al cielo,
corrieron otra vez,
cruzaron los distritos vecinos.
Sus cabellos bermellón al viento
gritaron
como cualquier otro mamífero
que pronto se olvida
bajo las ruedas de los carros.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario