Llagas del Pino Rojo del patio,
sangre aceitosa,
añejas ámbar del tronco,
las rojas nuevas de tus muñecas.
Dedos cruzados
para el amor o el ruego:
la misma cosa.
Tu rostro pretende alcanzar la cima,
la helada tangente de Altadena.
Entrelazados,
fuertes cordones,
las venas ofrendadas,
arrancadas recién,
susurran te amo
y tengo pánico,
no mires, Pablo.
Adentro,
las agujas del reloj,
uñas del infierno.
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