Se espeja en la fatiga de los muebles
la hermandad del animal que descansa.
El moscardón es idea indecisa
sobrevolando la fresca cocina,
la siesta oscura, prisma pampeano.
Ese látigo, la cola del perro,
le explicará un tipo de automatismo
desarrollado por millones de años.
En la calle, otro can duerme expandido.
Cada tanto, lo esquiva un auto lento.
La sombra gorda del lapacho cambia
cada hora, despertando al pobre perro:
un preciso reloj para consulta
si le importara al barrio algún evento
diferente a esperar quieto la noche.
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