El tiempo no nos enseña. Tampoco
descompone cuerpos, ni sana heridas,
ni vuelve. Una canción, ni libro alguno
salvan; ni las personas, ni un buen viaje,
ni, como dicen, se salva uno mismo.
No escribe la pulsión por el tipeo,
los versos; ni cadencias, ni los cantos,
ni al leer, esa agitación turbada,
ni la belleza, ni la dulce angustia
de domingo a la tarde, es poesía.
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