A los once años fuí una especie de hombre
de las cerillas de Nicholson Baker.
Veía amanecer por la ventana
al congelado bulevar de tierra
como gran bola cristalina, densa,
cada una de las siete madrugadas.
Maté arañas, corté y apilé la leña
para la chimenea de los cuentos.
En la sala el crujido de los troncos,
y el papá papeando con la pipa.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario