Del animal, el gris cerebro blando
en la sartén que mi sudado padre
sacude sobre la crujiente hornalla,
en cueros; suena bien alto la radio
interrumpe con gritos, puntual, cada
hora, comunicados de la guerra.
Ni loco, pienso, comeré esa cosa
esa grasita llena de recuerdos,
soleadas mañanas, lluvia, cantos
de árboles, pájaros, comadres vacas
amamantando mudas los terneros.
¿Y si comés costillas, qué te hacé’?
me dice y tira varios trozos de ajo.
¡Nada que ver! Adentro están las cosas
que la persona es, le respondo al verlo
reírse fuerte. Y rajo muy asqueado
por la rancia humareda que produce
el chorrito de vino blanco. Mueren,
vuelan, dice, en el humo las ideas.

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