Le digo: aquella es Sirio, y aquellas otras
las pléyades; y allá, al filo del techo,
la Cruz del sur, las cuatro estrellas esas
que nadie ve en el hemisferio norte,
en los países como Luxemburgo,
le explico. Y siento que tiene algo olible,
olo a poncho de gaucho, a horno de barro.
Siempre escuchaba tu papá un folclore,
una zamba o milonga que decía
que esta constelación es como un rancho.
Los ojos de mi prima no se asombran.
Como cuando señalamos algo a un perro,
no mira al cielo sino
al dedo índice.
No hay gurupa esta noche
pa’ domar
los caballos de Platón.
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