Sostenemos, es cierto, hiperkinesia
de coleópteros y somos presos
de tercos legislados tanatorios;
acá no hay sino frías, anchas calles,
perros oligofrénicos al cruce
cual mortíferas lanzas diagonales.
Escribo y reescribo el mismo libro.
Son hornos humeantes los poemas,
con hierro sentencioso en cada verso.
Aquí el niño mandado a jugar solo
a la plaza de enfrente para siempre;
y ser preciso al escribir, si puede:
su estertórea agonía paquiderma.
Condenado a escritura con remate,
fumo desnudo, enhiesto y salpicado.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario