1
Llovizna en la siesta. El tío abre la caja donde está la máquina de escribir del futuro: se llama computadora. Arriba dice Talent msx. Se enchufa al televisor y sirve nomás para escribir, creo. Ahora el tío enchufa un grabador, mete un casete de jueguitos. O sea que también es como un Atari. Mi primo busca la botella de jugo y nos servimos sin dejar de ver el palito que titila en la pantalla. Se vuelca jugo, y el tío saca la computadora de un tirón y arranca un cable.
—¡Rajen de acá! —nos grita.
Lo espiamos desde la cocina: copia en la pantalla cosas de un libro gordo y aprieta la tecla grande Return. El casete empieza a andar, y la computadora hace pip. Esperamos… se van dibujando líneas. Nos aburrimos: es muy lerda, ya tomamos tres vasos de jugo cada uno y no aparece ningún jueguito. El tío dice que, si la cinta del casete se ensucia menos de un centímetro, no agarra y tira un código de error.
Con mi primo armamos mini jugadores de fútbol de cartón, les pintamos las camisetas y la pelota es un bollito de papel. A las tres horas aparece el jueguito. Corremos a ver. Es el Gálaga, el que vimos en la sala de juegos del Tito Sánchez. La tía se levanta, pone la pava, nos trae torta húngara.
Juega mi primo, acopló nave y los caga a tiros a todos. La mueve con los cursores triangulares azules. La barra espaciadora es para tirar tiros. Pierde. Me toca. No puedo creer que manejo una cosa en la pantalla del televisor. Juego dos partidos, no me animo a pedirle otro. El tío nos saca de la computadora y la apaga. La guarda en la caja. En la cocina hablamos de computación. Se puede programar cualquier cosa, pero es muy difícil: hay que leer el libro gordo.
Golpean la puerta y es mi papá. Ya se hizo de noche.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario