23 de octubre de 2025

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Mi primer amor fue Julieta,

la chica de Tampa.

Después amé a la noche, 

ese velatorio 

de los amaneceres 

que lavan el desvelo.


Algo imperceptible me picó, 

como esa abeja en la alberca del primo Jefry

en Covina

a los seis años. 


Vinieron otras pasiones,

normales, femeninas, matrimoniales.


Hoy hago el amor a no sé quién, 

cultivo no sé qué cosa ni con qué fin.

En algún lugar del cuerpo, 

la marca que no encuentro,

debe ser lo que siento latir

y me enloquece.


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