23 de noviembre de 2025

Caballos

 


Me daba miedo detonar cebitas,

pero las víboras no, ni lagartos.

Inquietaba lo oscuro, o quedar solo,

no la brisa mortuoria en los potreros

en primavera. Me espantó un insecto

que entró en la oreja, pero no ese día

en que con el tirón saqué el anzuelo

del pulgar. Pero sí me hacía a un lado

cuando un grandote pateaba el fulbo 

de cerca. No temimos ni un cachito

al rumor tembloroso de las calles 

marcando ya las dos de la mañana,

o si me despertaban las arañas 

al cruzar cautelosas las cobijas,

pero si a los caballos silenciosos 

que en una misma fecha de cada año, 

trotaban horas rodeando el barrio.

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