Mis ocho años en este papel kodak,
la sonrisa de quien no piensa en nada,
el reflejo en pupilas infantiles
de ese cíclope cubo: mecanismo
oscuro, diafragmático, intestino.
Eclipsaba la fiesta el enorme árbol
de Navidad, sin luces ni pesebre.
Morirá ese fotógrafo en dos meses;
en accidentes de auto los del fondo,
la nenita a mi lado, en catorce años
será escort de un famoso colombiano
que intentará ahorcarla con alambre;
pero despliego la mayor sonrisa
de las fotos que en vida me sacaron.
Y tendré un corazón gris para siempre,
sin explicación ni acostumbramiento.
Y los propios recuerdos son recuerdos
de alguna última vez que recordamos:
el destino del símbolo y la cosa:
termodinámica, la ley segunda,
su pertinencia de piadosa tregua.

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