10 de noviembre de 2025

Multiversal, por Silvio Mattoni



   Multiversal apunta a la variedad de mundos, desde la infancia hasta la solitaria adultez, desde el amor hasta los libros, desde la poesía hasta la lengua atravesada por silencios cortantes, pero sobre todo se trata de versos. Las unidades son versos, no frases, y eso le da su importancia a las repeticiones, a los espacios, a la ausencia de puntuación prosaica. Son poemas desolados, de estados de pánico, con extrañas fragmentaciones de experiencias que por momentos se deben adivinar. Quizás los blancos, las cosas que se dejan sin decir del todo, den una impresión más ominosa de lo que serían sus temas. Me quedan grabadas dos incrustaciones terribles: la mujer a la que le pegaron con la hebilla del cinto de niña, y los poemas huérfanos de comas, puntos y títulos, entregados a los crecimientos libres, mezcla de desamparo y de celebración autorreflexiva. Y sobrevolando todo, el solitario que pareciera la silueta del que espera escribir, que escribe siempre solo. Pero además la esperanza en seguir escribiendo, seguir deseando esa intensidad, que construye poblaciones en la noche solitaria, que hace de cualquier pequeño pueblo supuestamente real, una posibilidad y un reino. Los múltiples ritmos se vuelven entonces múltiples mundos, cada verso un golpecito en la pared natural que deja su marca. Pablo Giordano escribe que no hablará como un poeta portavoz, como una voz generacional, como un mensajero de quién sabe qué misterio, pero justamente como no habla, escribe. Las incisiones de la escritura tensan el mundo, muestran su reverso. La poesía como transvaloración de la prosa diaria, convertida en verdad.

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