por David Voloj para La Voz del Interior, 2013
Uno de los fundamentos de la física cuántica sostiene que ciertas porciones ínfimas de materia resultan imposibles de conocer de manera exacta. Cualquier intento por aprehender su ubicación y velocidad tiende a modificar su estructura atómica, operando así una serie de cambios que dan por resultado algo distinto: materia diferente, energía diferente. Tal principio de incertidumbre atraviesa la poesía de Pablo Giordano y, entonces, la palabra se vuelve un instrumento de observación capaz de capturar y transformar tanto su historia personal como “el paradigma actual / la realidad cuan ti za da / multiversal”.
Veinte años de poesía aparecen en Multiversal. Búsquedas emocionales, certezas y contradicciones fluyen entre las páginas de un libro sencillo y hermético a la vez. Ya en los primeros poemas, Giordano exhibe una lucha interior en el intento por definir su lugar en la poesía. A través de la negación, y como si sólo pudiera ubicarse afuera, sea de su generación o de una determinada línea de escritura, llega a afirmar: “no seré / el poeta que lee un cielo / para escribir la tierra / tampoco el de la justicia / civil ni poética / repito / ni retórica”.
En el universo emocional del poeta desfilan maleantes de escuela nocturna, el trabajo en los tambos, niños y niñas que destellan maldad, un padre que grita de miedo en la madrugada. Aparece también un nombre de mujer inscripto en una noche con claras reminiscencias de Neruda: “voy a mirar los astros más tristes esta noche / mirar, por ejemplo, los ojos de Leticia / variables luminarias de otro tiempo”.
Sin embargo, los vínculos sentimentales que atraviesan los poemas están signados por el fracaso. Entonces, la soledad convoca al aislamiento y determina el tono de Multiversal. Y es esa soledad la que, con dulzura y timidez, ubica al yo en un abismo desde el cual se explora hasta encontrarse en distintos cuerpos: un hombre viejo y cansado que apela a la poesía como arma de seducción, un niño refugiado en la escritura, un adulto que busca vengar las desventuras del pasado, un poeta haciéndole el amor a una libreta de notas. La materia cambia, se transforma. Así, la palabra poética alcanza para resolver la paradoja cuántica y, al mismo tiempo, justifica la creación: “debo existir para otra cosa aún no revelada / que también / se completa escribiendo.”

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