Si el gesto de un rostro - en el que interviene la boca - puede expresar un estado de ánimo, el último libro de poesía del escritor varillense, Pablo Giordano, “Mueca de provincia (ed. Alción 2021)”, viene a completar la pintura imaginaria que comparten varios habitantes del interior profundo de la provincia.
Con una interesante tarea en endecasílabos y recorriendo su historia personal (a través de fotografías), Giordano logró reunir en sesenta páginas un universo donde conviven el niño que fue, la atmósfera insegura y de dudas (que invade la infancia) y el tamaño de la esperanza a futuro… todo esto con un gran poder de observación, comparación y metáfora).
Es que algunas imágenes descriptas entre sus páginas marcan la universalidad de los sentimientos: apretar fuerte el manubrio de una bicicleta, la siesta en el pueblo, los momentos lúdicos con primos y hermanos, nuestros padres con ropa de entrecasa, los chusmeríos, darle la primera pitada de todas a un cigarrillo o tener una especie de añoranza mezclada con nostalgia. A fin de cuentas, no somos tan distintos.
En diálogo con El Diario, Giordano destacó que “Mueca…” es su primera experiencia en endecasílabos (N. de la R.: los endecasílabos son versos de arte mayor de once sílabas).
“Siempre había trabajado con el verso libre, y ahora todo es medido”, inició.
“Trabajé con una dificultad más, y hay muchos poemas que son un poco narrativos; había poemas que ya estaba trabajando y los corregí, a otros los reescribí y otros los comencé directamente ya estando medidos. Si bien hay alguno que otro que corta esa métrica, casi todos son endecasílabos”.
En “Mueca…” hay mucho de la vida de la Argentina profunda, pero también hay simbología, guiños a la religión, a la ciencia, a la reflexión y paradojas. En uno de sus poemas el padre de un niño se encuentra cocinando seso. Ante esto, el pequeño reflexiona acerca del hecho de deglutir el órgano donde se guardan los recuerdos de la vaca. Una incongruencia que más tarde se repite con la “contemplación” de un gorrión muerto.
Pero mejor es leer a Giordano en su tinta.
-¿De qué trata “Mueca…”?
-Dentro del libro hay varias temáticas, pero la base es como una retrospectiva de ver fotografías propias.
-Esta cuestión de la métrica genera también algo de música al lector, ¿verdad?
-Sí. Justamente se buscaba que tenga cierta musicalidad. El tema narrativo permite mucho esto y es porque el poema tiene otro cuerpo, una estructura donde se nota. Si bien no es con rima, la musicalidad se nota en la cantidad de sílabas.
-Con este tipo de textos también aparece un estilo en cuanto a formas, espacios habitados (en común) con un lector que puede sentirse identificado (ser del interior; de clase media y demás. ¿No te parece?
-Sí. De igual manera eso no es adrede. Yo trabajo mucho sobre lo autobiográfico y se logra cierta conexión. Es como contar un poco una historia propia o algunos recuerdos desde mi posición social (si vamos a llamarle así). No vamos a hablar de clases sociales, pero todo estaría dentro de lo que cualquier lector se puede identificar. De igual modo repito, no es algo buscado, es algo que sale por mí. Si bien trabajo con lo autobiográfico, esto no significa que todo sea real. En este caso la materia prima son mis fotos, donde se revisitan algunos conceptos.
En algún momento se había generado un debate respecto a “La Literatura del Yo (N. de la R.: centrada tal vez en la catarsis)”. En un primer momento se la había hasta denostado y ahora parece que es norma.
De igual manera, el problema es cuando esos textos no disparan otras cosas. Yo utilizo este tipo de literatura para disparar otros conceptos. En todo lo escrito en “Mueca…” se busca plantear la condición humana, sin que esto suene grandilocuente. Esa es la única búsqueda, todo está en ver y pensar en eso. Hay también un juego generacional en tono enunciativo. El personaje puedo ser yo como autor, pero también puede ser cualquiera.
Es un personaje que va narrando y mostrando las fotos. En un momento, casi al final del libro, todo esto decanta en algo. Hay una escena en un poema donde un hombre y su novia se muestran fotos mutuamente. El es prácticamente quince años mayor a ella y ahí hay una gran diferencia entre las dos retrospectivas: por un lado del tipo que es vintage y la de la joven que es mucho más contemporánea.
En el caso del viejo, todo lo vintage es distinto, porque parece de una época “pobre” en todo sentido… y no solo en lo material. Parece que, aun siendo de clase alta, en las fotos todos parezcan más pobres tanto en lo material como en lo espiritual.
En cambio, ver las fotos de la infancia de ella, que no son tan viejas y pertenecen casi a un presente, generan un contraste interesante.
-Esta obra está completada por el lector, más allá de lo catártico que haya. Además, un lector puede entenderla.
-Hay un cierto avance (o madurez) de mi parte en el hecho de pensar en un lector. En algún momento de la escritura está, y siempre tiene que estar, el lector. Es otro momento, ya pasó la adolescencia de rebeldía de querer romper todo. Por eso mismo sumé el verso medido.
-Tal vez incluso sea transgresor…
-No sé, no creo que sea transgresor, creo que más bien está a la altura de mi generación. No es la poesía que se escribe hoy, que es prácticamente prosa con Enter (tecla de la computadora).
-Es ahí donde se ve la diferencia, hay una diferenciación, donde también se marca un camino o un crecimiento.
-Yo lo que planteo es recuperar lo que la poesía tiene de diferente, que es lo musical, lo cantable y lo trascendental e íntimo, a diferencia de la prosa con Enter. Ese tipo de poesía, por ahí, es una anécdota donde no hay un trabajo con la forma, la musicalidad o el género.
-En la lectura uno se encuentra con rasgos bien definidos: atmósfera, metáfora, personajes. La métrica parece sumarle una mayor tarea creativa.
-Mis anteriores libros fueron con verso libre, pero los trabajé. Busco hacerlo de una cierta forma fijándome dónde corto los versos y es porque no los corto al azar.
Yo al verso libre también lo trabajé, y mucho, pensando en cómo decir las cosas, cómo van quedando las palabras y hay muchos poetas que hacen eso y están trabajando el verso libre. Esta cuestión, tal vez hoy, puede no ser una norma de otras generaciones.
-El niño (que narra) contiene una contemplación de un contexto complicado por momentos, pero también está naturalizado.
-Sí, y algunos textos son de cuando sucedía la guerra de Malvinas. Parece raro que se define al padre cocinando con alegría mientras sonaban los parches de guerra. El libro va avanzando en edad y termina con un poema filosófico donde cada frase tiene doble lectura, como por ejemplo cuando dice que nada salva.
Cada verso, si uno lo relee, tiene una doble lectura, por ejemplo: “No es el tiempo el que descompone los cuerpos”.
Y sí, es que hay una idea de pensar que el cuerpo se descompone con el tiempo. En ese punto, primero está la metáfora y después lo literal: no es el tiempo, sino las bacterias, los gusanos o hasta el clima. ¿Qué sabe el cuerpo de tiempos? Hay una lectura literal de algunas cosas científicas, pero también eso genera una metáfora: no es el tiempo el que hace reflexionar, sino la experiencia y no solo porque pasa el tiempo uno madura.
-Sigo pensando en la contemplación, la idea de definir el interior del interior, aunque no sea idílico. Algo así trae a la memoria los cuentos de Haroldo Conti.
-Es algo que tal vez sucedió en su momento con el realismo mágico, cuando se reflotó todo con autores que habían vivido en pueblos y demás. Pero acá está también eso, es una mueca de provincia en ese sentido: a la provincia y a los pueblos, ante el mundo, solo le queda una mueca. La guerra no pasó por acá, por más que tengamos algún excombatiente, entonces en el poema estaba el padre, bien provinciano, cocinando mientras el país estaba saliendo de una dictadura, dando la última intentona con una guerra.
-También es un mérito crear microclimas para romper esa idea de un clima generalizado, tanto en los 80, 90 o cualquier época. Es romper con esa idea de decir que todo el país estaba atravesado por algo, pero la realidad va más allá de lo que se dice en los medios hegemónicos o el inconsciente colectivo.
-Sí. También hay una cosa que utilicé y siempre lo hago para crear metáforas. Son cuestiones científicas. En un poema se habla del “Espiral de la muerte”. Esta es una reacción química de las hormigas, cuando en un momento se vuelven locas y giran como en un espiral muriendo las del centro. Es una conducta estudiada que no se conoce bien, pero en el poema, a ese suicidio en masa yo lo relaciono y menciono que lo observo desde un mástil. Y obvio que ese es como un outsider (ajeno o forastero), porque había dejado el colegio. Aun así, vi como todo era un gran hormiguero, una cosa muy comunitaria de gente girando hacia la muerte, y tal vez la sociedad funciona así, conectando todo con el nacionalismo.
-Hay una parte donde se reflotan palabras que utilizábamos en la infancia o hasta actitudes. En un momento, un personaje le dice a una niña que quería pelear “no te hagas la macha”.
-Sí, la crianza en el machismo está clara.
-Y tal vez sean cosas que dijimos todos en su momento.
-Pero obviamente, por eso las fotos nos muestran mucho. Eso sucede porque nuestros recuerdos están sesgados. Las fotos son un viaje en el tiempo. Si uno piensa en una fotografía, el hecho es básicamente capturar la luz en un espacio-tiempo determinado… es simplemente eso, técnicamente, pero luego está lo que nuestro cerebro interpreta. Se trata una imagen de nosotros cuando éramos chicos y eso va en contra de cómo funciona nuestra memoria, que no es fotográfica. La foto es fiel, por más que se decolore.
Pablo Giordano valoró el andar que tuvo su primer libro de cuentos infanto-juvenil “Enserio (Ed. De La Terraza)” El mismo, publicado con la ilustraciones de Marcelo Mosqueira, tuvo buena aceptación y a nivel ventas, cumplió. Respecto al viaje de cada uno de los textos que fueron reunidos y publicados durante 2020 (prácticamente en el momento más duro de la pandemia y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO), Giordano destacó que se encontró con una mayor feedback de los lectores. En tanto, la publicación fue contemplada en diversas esferas a tal punto que uno de sus cuentos será publicado en uno de los manuales que confecciona el Ministerio de Educación Nacional.
Pensando a futuro, el varillense aseguró estar trabajando en otra publicación del mismo estilo y reflexionó el hecho de “haber ingresado a un mundo completamente nuevo de donde es difícil salir debido a la calidad de los relatos y el arte en la ilustraciones”.

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