23 de octubre de 2025

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Dio un portazo de viernes por la tarde la mujer esa

mientras los sonidos abajo en el centro presagiaban

las fiestas y los lobos.

Telefoneó más tarde 

desde un hotel alojamiento cerca de Jacksonville.

Se oía a los vecinos bañarse con música a alto volúmen,

me lo decían las cañerías, y a ella 

otras cosas le decían, según dijo, en esa ladera 

de la ruta, sola y con miedo.

No supe si levantar vuelo o crear nido

y nada hice porque el silencio sentado

frente a mí en el cuartucho de Pasadena, 

me miraba muy serio con las manos en la mesa 

pidiendo que escriba y beba.

Y ella por teléfono hola hola hasta colgar

y yo mirando al hueco que grita, boca que muda

dicta: ¡Escribe, 

escribe de una vez!

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